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Mostrando entradas de agosto, 2020

La humilde lavandera

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  La mañana se presentaba fresca, mientras una tenue brisa acariciaba el cuerpo desnudo de la esposa del Rey del Norte. Él la observaba como un intrépido niño, con la frente empapada de sudor veraniego, pálido por la emoción y los ojos entrecerrados, permaneciendo de pie frente a la cama. Su mirada insistente o quizás el cálido aire húmedo despertaron a la grácil mujer que dormía. —No sé cuánto tiempo he reflexionado sobre tu felicidad, querida esposa —dijo el Rey—. Tú ya me la has otorgado y yo intento retribuir ese regalo. Toma este hermoso collar de perlas y lúcelo durante la celebración del Diwali. Así todos sabrán cuánto amor te profeso, ya que cada perla representa una lágrima que derramaría si te perdiera. A la mañana siguiente, la esposa del Rey del Norte irrumpió desconsolada en la corte de su consorte. La tristeza se ha apoderado de mi corazón, querido, al enterarme de que debo renunciar a la dicha de tu amor materializado en esa joya que me has regalado como talismán de tu a

Ciervo

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  En el crepúsculo, el rey Pandu se encontraba al final de un agotador día de cacería. Aquella mañana, el éxito había marcado su empresa y se disponía a regresar con los suyos. Sin embargo, algo captó su atención entre los arbustos ondulantes que se desplegaban ante sus ojos. Sigilosamente, se acercó en busca de aquello que provocaba la excitación de aquel matorral en constante movimiento. Dos ciervos se encontraban copulando ansiosamente; la sombra que proyectaban debido a sus ondulantes movimientos, en el ocaso, los hacía ver alargados y oscuros. La tonalidad del ambiente se había vuelto un azul pálido, y la figura de esas criaturas se mostraba exuberante. El rey Pandu no dudó en que esos dos ejemplares tendrían una excelente acogida en su impetuoso palacio, así que disparó hacia ellos sin reflexionar ni un segundo. Tarde comprendió que lo que acababa de hacer era un crimen divino. Transformado en un ciervo macho, Kindama se abalanzó contra el rey y, en su último suspiro, lanzó una m

Ganesha

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Aquella noche de verano, Parvati se despidió de Shiva, su esposo y su dualidad, con profundo amor y respeto. Las inesperadas ausencias del dios llenaban a Parvati de gran desasosiego, sobre todo cuando otros dioses aprovechaban esas oportunidades para cortejarla. Decían que la belleza de Parvati era lo que mantenía al sol radiante y brillante, por lo que no resultaba difícil comprender el deseo de otras deidades por poseerla. Sin embargo, Parvati siempre se mostraba fiel a su esposo. No obstante, estaba cansada de estas intromisiones y decidió ponerles fin creando con sus propias manos a una divinidad que cuidara de ella mientras Shiva estaba ausente. Le dio el nombre de Ganesha. En cuanto lo vio, Parvati lo amó inmensurablemente. Ganesha era un joven apuesto, dócil, amable y muy vivaz. El orgullo de madre se desbordaba al tenerlo consigo y anhelaba el regreso de su esposo para presentarle a su amado hijo. Sin embargo, Shiva se demoraba, y mientras tanto, Ganesha mostraba valentía y au